

NAOURA BROQUET
La recámara es un espacio íntimo y necesario. Es similar a una isla, un espacio aislado, de sombra, fuera de la vista de los demás. Al igual que un jardín secreto, el cuarto es un lugar seguro donde uno puede recluirse y reinventarse.
La posibilidad de dormir en una cama es una necesidad básica que nos permite descansar y sobre todas las cosas invita a soñar. Al tener un espacio íntimo existe la posibilidad de pensarse como sujeto: construirse y de-construirse. Descansar nos invita igualmente a imaginar, especular y por lo tanto a proyectarnos en el futuro. La recámara es un santuario, es el lugar por excelencia de metamorfosis y transformación. Diariamente uno se regenera físicamente y espiritualmente.
ACOMODAR EL CUERPO



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CORPOGRAFÍA
El espacio que uno habita es como un cuerpo. Es decir hay lugares calientes, otros fríos, diferentes texturas como el interior del cuerpo humano. Mi cuarto, que al final es un espacio íntimo, es claro un espacio donde me siento cómoda, a gusto, donde duermo, pero me pareció maravilloso el poder conectar de otra forma. Como si el cuarto dejará de ser un espacio inerte y “muerto” para transformarse en un lugar con una pluralidad de sensaciones, riqueza táctil y que además despierta muchas emociones y recuerdos. Al final, no somos ajenos al espacio que uno habita, y me parece increíble explorarlo con el cuerpo.